Las ejecuciones extrajudiciales de sus hijos a manos del Ejército Nacional, su lucha por recuperar sus cuerpos, su trabajo por conocer la verdad y sus vivencias de los últimos 14 años, son algunos de los relatos que grabaron en una tabla de gran formato, las madres y hermanas de Mafapo. Un colectivo de mamás y hermanas de falsos positivos de Soacha y de Bogotá, que desde 2019 son Maestras Grabadoras de la Universidad Pedagógica Nacional.

Todo comenzó en el año 2019 a través del Laboratorio de Creación Artística: Grabar la memoria, de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Pedagógica Nacional y el Semillero de Investigación Creación Arbitrio.

Foto: Vidal Romero.

“A nosotros nos presentan al grupo Mafapo para hacer nuestra práctica pedagógica y trabajamos durante todo el 2019, 6 horas semanales de marzo a diciembre”, arranca Juan Carlos Lemus, Licenciado de Artes Visuales de la Universidad Pedagógica, miembro de Arbitrio y habitante de la localidad de Usme.

Durante todos los miércoles de ese año, las Madres y Hermanas de Falsos Positivos de Soacha y Bogotá –Mafapo– aprendieron xilografía y se graduaron como maestras grabadoras.

Un taller que finalizó con una obra inconclusa, que pudieron terminar hasta el año 2021 gracias una convocatoria del espacio Odeon, en el centro de Bogotá. Luego de eso, las madres, quienes estaban cautivadas por la labor de los entonces estudiantes, decidieron seguir trabajando con ellos y ganaron una convocatoria del PNUD.

De allí nace Relatos de Resistencia, una obra en una tabla de 2.44 metros de ancha por 1.40 metros de alta, que narra algunos de los relatos que han vivido estas madres y hermanas los últimos 14 años, quienes perdieron a sus hijos y hermanos, asesinados por el Ejército Nacional.

Un caso conocido como Falsos Positivos, donde militares asesinaron 6402 civiles entre los años 2002 y 2008, y los hicieron pasar como guerrilleros, cifra basada en datos de Ja Jurisdicción Especial para la Paz –JEP-.

Foto: Vidal Romero.

Sobre estos crímenes, que es el tercer caso de 7 grandes casos que lleva la JEP, a finales de abril 10 militares retirados aceptaron su participación y confesaron cómo trasladaron jóvenes para luego matarlos, simular resultados operacionales que exigían los altos mandos en el Catatumbo y ganar beneficios como recompensas.

La matanza llegó a un punto tan cruel que “veíamos como mataban al vecino del lado, al muchacho que estudió con uno o al hijo con discapacidades de la viuda del pueblo” contó uno de los habitantes del Catatumbo ese día ante la JEP, quien además añadió que denunciaron, pero nadie les creyó.

Foto: Vidal Romero.

Es por eso por lo que “en esta obra queríamos contar la memoria de las luchas de las madres de Mafapo. Ellas llevan 14 años luchando contra los Falsos Positivos y tienen muchas obras contando la memoria de sus hijos, pero no las de ellas”, dice Lemus.

Foto: Vidal Romero.

Fue así como luego de mes y medio y un proceso de sensibilización que mezcla la manera de asumir la memoria de las madres, con frases que representaran su lucha y registro fotográfico, decidieron plasmar 5 momentos icónicos de la historia de Mafapo:

  • Las marchas
  • El encuentro con el Ejército en la JEP
  • Los procesos artísticos que tienen
  • El encuentro con las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina
  • Y el movimiento ¿Quién dio la orden?
Foto: Vidal Romero.

“Este trabajo es espectacular porque uno deja todo el sufrimiento en esa tabla y eso es algo muy bonito. Es una terapia muy grande para nosotras como víctimas”, cuenta Blanca Nubia Monroy, madre de Julián Oviedo Monroy, desaparecido el 2 de mayo del 2008 y asesinado al otro día.

Para Blanca Nubia, una adulta mayor que además perdió su otro hijo recientemente, el grabado es una manera de sanar el dolor porque “cuando uno está plasmando lo que hace, se olvida de todo lo que hay alrededor y de todos los problemas que han pasado”.

Foto: Vidal Romero.

Y lo dice porque ella nunca se imaginó que algún día podría llegar a ser una víctima del Estado. Se consideraba una madre como cualquier otra, al servicio de su hogar, pero reconoce que desde que desaparecieron a su hijo, su vida nunca volvió a ser la misma.

Y es que muchas de las madres y hermanas de los falsos positivos, en la ardua tarea de encontrar la verdad sobre sus hijos, han incursionado en el arte para sanar su dolor. Han actuado en obras de teatro, han cantado, han hecho tejidos gigantes, han realizado exposiciones de grabado y han hecho telares, entre otras cosas.

Es por eso por lo que, Johan Forero, también Licenciado de Artes Visuales de la Universidad Pedagógica y miembro de Arbitrio, piensa que “la academia es el corazón. Es el sentir del otro, el qué opina el otro y el cómo dimensiona el mundo”.

Foto: Vidal Romero.

Para Forero, “la idea de que todo el mundo cabe en un planeta, aunque se piense distinto, es real”. Y es que, “el hecho de que ellas hayan estado en el proceso de pregrado es contradictorio con todo lo que viví y aprendí. Ellas me enseñaban una educación distinta y me planteaban dudas reales”.

¿Como llegar a alguien que está afligido o cómo se puede calmar? Eran algunas de las preguntas de las madres y hermanas, que además reconocen que estos muchachos se ganaron sus corazones, y ellas el de ellos.

Foto: Vidal Romero.
Foto: Vidal Romero.

Por otro lado, para María Doris Tejada, la madre de Oscar Alexander Morales Tejada, un cuerpo que se sabe que está en una fosa común en el Copey, César, lo más espectacular de este proceso fue el “desahogo”.

En el caso de ella, no ha podido recuperar el cuerpo de su hijo y darle una sepultura católica como desea. Y por situaciones como esa, es que le parece importante invitar a “las personas a que conozcan de nosotras y los procesos que estamos haciendo” finaliza.

Una invitación que comparten todas las madres y hermanas de Mafapo, para que los colombianos hagamos memoria y veamos el país con una mirada más aguda y objetiva.

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